miércoles

CONTAMINACION

Mi arrogancia me llevó a creer todo este tiempo que como autora de mis propias líneas, podía hacer y deshacer lo escrito sin importar el tiempo de distancia. De pronto me convertí en mi propia lectora; mi arrogante alter ego me jugó una mala pasada, lo que me hizo sentir aquellas viejas notas de una forma potente, pero ahora, siempre, pensando en el pececito más maravilloso que han visto los ojos de mi alma.  El martes, la torre de mi creencia llena de arrogancia, cayó ante mis ojos. En realidad se desplomaron muchas otras cosas, haciéndome ver el verdadero rostro de las personas.
No puedo construir lo nuevo de lo viejo por más que yo sea la autora o la dueña de mis palabras. Lo que muere, muerto está y debe ser enterrado.  Ya no soy aquellas antiguas palabras, de ahí la culpa de contaminar lo que verdaderamente siento. 
Toda esta bochornosa experiencia, me ayudó a continuar, a saber que los tragos amargos también tienen sus cosas buenas. Así que lamento tal contaminación.

martes

LA MADRUGADA DEL 21 DE ENERO

Ella en mis ojos claros 
Ella en mi cabello castaño largo
Ella en mis mejillas rosadas
Ella en mi sonrisa
Ella en mis dedos entrelazados
Ella en mis días
Ella en mis pensamientos
Ella en mis suspiros
Ella en mi boca
Ella en la esquina de mi lunar
Ella en mi ‘te quiero’
Ella en mi calor

Yo...
en sus manos.

jueves

LA CIUDAD

LA CIUDAD

La ciudad está fuera de mis ojos, arde cada ser humano con sus manías y sus fobias. La ciudad se resquebraja en cada calle, en cada bache, en cada paso de los habitantes sobre su asfalto. 
La ciudad está fuera de mis ojos, tiene un pulso y una respiración, tiene un quejido ahogado y humeante. Es un quejido que lacera la piel y pudre los tejidos continuos. 

Busco respuestas, cuyas preguntas han caducado ayer. Los habitantes han crecido, otros han muerto. Otros nacen por primera vez; yo lo hago por segunda vez.

Llegué aquí después de conocer la muerte. Fue esta ciudad quien abrió sus puertas a mi duelo, quien puso sal y agua bendita a mis heridas. Curó mi fiebre, no sin antes permitirle la libertad a mis delirios depresivos, a mis apegos emocionales. Me permitió curarme con mis tiempos y sus remedios sarcásticos; puso gasas empapadas de sadismo y mucho amor –creo que a eso le llaman amor de verdad-. Me permitió oler evocaciones con sabor vainilla y sangre. 

Fue esta la ciudad que abrió su tierra, su entraña y me tragó. Me enterró tres años en su humedad y salitre; en su compasión rehabilité mi risa; con su amor remendó mis alas. 

La ciudad está fuera de mis ojos, llegó cuando todos se fueron, cuando me dejaron a solas, con mis ideas malditas; cuando la sangre brotó a raudales de la memoria. Purificó mi sangre, esa que se calienta en mi pecho, baja vigorosa a mi vientre y entonces hierve mi sexo. 

Tapa mi boca con su pesada mano de rutinas vacías. Con su lengua voraz de chismes de abarrote y de esquinas, pretende doblegar mis rodillas, violentar mis ganas, pero me mantengo tranquila con la frialdad de un psicópata. Sigo mi camino indiferente. Nadie puede herirme, soy inmune, porque soy mía.

MAS QUE PALABRAS

Ogni atto è potente se lo fai con amore

miércoles

DISLEXIA

¿Por qué nunca le hablé a alguien de mi “padecimiento”? Nunca lo he considerado una enfermedad, sólo es una característica (o una arruga) de mi cerebro. Fue curioso su descubrimiento. 

Había una niña extrovertida, inquieta y con demasiada energía. Tenía una imaginación a flor de piel. Vivía en una casa rodeada de libros y diccionarios de pasta dura, aquellas enciclopedias que a penas y podía en sus dos brazos. La abuela le daba su espacio y los bolis para su expresión…y si no, ella los encontraba en los bolsos de su madre. Aprendió a leer a los seis años. Un evento marcó su rutina y el estrés empezó. La profesora encargada de su educación, tenía métodos sonoros y contundentes para enseñar a leer. Aquella niña pasó al frente a leer un cuento del libro escolar, era requisito para dar por terminada la sesión de ese día. Recuerda que tenía más miedo que emoción. Debía hacerlo bien o no regresaría a casa hasta pasadas las seis. Cometió errores en la lectura, la profesora cogió la mano de la niña que temblaba, pues sabía lo que pasaría en los próximos seis segundos. Un golpe seco, y doloroso, tras el contacto de una regla de madera de un metro de largo contra una mano pequeña, fue lo que se escuchó y lo que la niña sintió en sus carnes. Ese golpe se repetiría una y otra y otra vez. Tantas veces como la profesora considerara una equivocación en la lectura o escritura. La niña nunca dijo nada de esos contactos de la regla de la profesora con su mano. Encontró la solución: dedicar todo el tiempo que fuese necesario, para leer como la profesora procuraba. Escribía y leía sin parar todo lo que podía, lento, sílaba a sílaba. Poco a poco fue más amiga de las letras que de los números. Fue más cómplice de los libros que de las personas. Nunca nadie vio aquella arruga. Pasaron los años e ingresó a la facultad de medicina humana. La médico que se convertiría en su tutora durante toda su carrera, habló para la clase de una característica cerebral muy peculiar: la dislexia. ¡Por fin!. Por fin sabía lo que le pasaba. Acudió a una evaluación para adultos donde el veredicto era contundente. Todo se acomodaba. Tuvieron que pasar catorce años para verse así misma y entenderse. Entender por qué su acercamiento con las artes, por qué fueron ellas el mejor medio de su expresión. 

Sigo equivocándome, pero conocer mi estructura me da la paciencia para ir lento, sin ofuscarme y comprender a quien no me comprende. 
Vivir con dislexia, sin encontrar el recurso de ayuda, puede ser realmente traumático. No fue mi caso. Me ayudé; y mi madre me dio todos los recursos para que eso ocurriera. 

La dislexia es como encontrar a una persona cuya mano dominante es la izquierda. Hoy en día ya no se estigmatiza a los chicos y chicas que son zurdos. Sin embargo, sigue existiendo una laguna de información sobre la dislexia. Muchos creen, aún, que leer mal o entender poco es porque eres un retrasado (vox populi), de lento aprendizaje ó simplemente un/a vago/a. Aún se cometen tantos errores con los niños, y se les jode la vida. 

¿Por qué hasta las once cosas lo hago publico? Porque hasta hoy me topé con un niño, cuyas consecuencias sociales de ignorancia sobre la dislexia, le llevaron a un intento de suicidio. ¡Esto no debe seguir ocurriendo!. Espero que en la actualidad se preste más atención y menos juzgamiento. Que hoy en día los profesores estén más capacitados y puedan ver esta arruga cerebral.

sábado

ONCE COSAS

Las once cosas que no sabías de mí.
Si charlas conmigo y creíste que soy muy fácil de conocer, pues sí. Soy fácil de conocer cuando ya llevas tratándome algunos años. Pero si hace poco que nos conocemos o que nos topamos por esta causalidad que se llama vida…te doy algunas cosas de mí.

  1. Me atraen poderosamente las personas inteligentes, las que tienen tema de conversación sin hacerme sentir en un interrogatorio. 
  2. Mi color favorito es el morado. 
  3. Tengo dislexia. 
  4. Duermo del lado derecho. 
  5. Mi comida favorita son las ensaladas. 
  6. No soy vegetariana.
  7. Me gusta ver las estrellas y conversar con una de ellas. 
  8. A los 4 años puse mis inconformidades con «mis jeroglíficos» a la RAE de pasta dura.
  9. Tengo T. O. C. 
  10. A los 7 años quemé el sofá de mi abuela. Sí, tengo un poco de piromanía. 
  11. Me encanta la velocidad en los autos, pero sólo si soy yo quien conduce.

martes

DEL AHORA AL AYER

Se desliza una revolución en mi cabeza, se detiene a mitad de mi cuello, hace manisfestación, se enfrenta con mis cuerdas vocales. Saborea su éxito con mi ahogamiento. Confusión.
¿Se reestablece la sinceridad, la profunda voluntad de querer compartir, la verdad con que hoy nos miramos a los ojos? Temo desafiar al destino, pero estoy expectante de su resolución en nuestro asunto…¿será el nuestro?
Hoy me ha atacado el desgano, se instaló cerquita del cansancio onírico, porque cada noche hay un suceso en mi cabeza. Despierto y los duendes ya han esparcido sus posimas salvajes en mis sentidos. Empieza la paranoia, el dejà vú, los símbolos. Y el calor que siempre lo pudre todo, no me deja en paz.
Sigues atorada en mi garganta con un «te amo» que me hace nudo el corazón. Vibra mi piel.
Intento hacer remedo de escritura, pero sólo sale saliva de mi boca, ni una palabra bien articulada que describa la voragine que mi carne y mi alma quieren que conozcas. Me quedo lenta, en silencio, una larga caminata por las venas del silencio en el ocaso. La vida se me corre por las esquinas, toda la superficie queda con arrugas, imperfecta. No tengo llanto ni ganas de él. Finalmente, ha oscurecido. Finalmente, el día terminó. Empezaremos de nuevo mañana a las 06:00. Ya está la lista de las cosas interminables por hacer, todas esas que me harán doler mis dos fibras rotas. Esas cosas que me recordarán que aún el reposo debe estar, pero no puedo seguirlo al pie de receta. Ahora mismo la medicina vuelve a parecerme infame, desgastante, imprecisa…y yo impaciente.
Me he impuesto un camino de silencio y lo he llamado: reflexión. Los días pasan con una pasmosa violencia que amarga el paladar, pero los días no se quedan, los días siempre se van. Como se han ido sesenta meses de lucha contra mis demonios, contra mi dolor por su ausencia. Sesenta meses en los que he luchado por adaptarme a que ya no estás conmigo. Mi vida entera ha colapsado. Y este sitio ya no es lo que era. Los lugares los hacen las personas. Los lugares son para estar con quien te motive todos los días.

miércoles

“NO MOLESTAR”

Vivo en un aparente orden, en la calle 50 al sur, donde cae el mejor atardecer. Vivo entre las calles: Recuerdos de Origen e Incertidumbre. Mi piso es un espacio inmenso rellenado con fotografías de mis ancestros; olores a madera y evocaciones podridas. Vivo aquí desde hace poco menos de un año.
No planté árbol. No tengo hijos. Y mi libro está incendiado. Vivo en un lugar estático, pero móvil. Deambulo por la madrugada aún cuando el miedo por la oscuridad me ataca por la espalda. Cuando las voces se despiertan y me arrastran por los pasillos de un frío sintético. No pruebo el suelo, pero sé que es desierto. Desaparezco, sin dejar de lado el frenético ruido de la soledad. Sólo escucho mi respiración y esas voces prepotentes que me dicen todo lo que tengo que hacer; se meten a sus bolsillos mi voluntad. Quedo inerte, tumbada bajo un techo blancuzco mal pintado, entonces, vuelvo a contar los granitos que resaltan, pierdo con celeridad la frecuencia «uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…» Parece que mi conciencia no lo nota, pero mi alma que ya no está conmigo, sí. No estoy aquí. Me fui. Nadie habla de mi, ni piensa en mi, ni se acuerda de mi. He dejado de existir. No siento sueño, ni hambre, ni calor, ni frío, ni miedo ni hastío. Sólo esto: El vacío, la nada, el abismo, la oscuridad, el trueno y silbido del viento. Ese, justo ese, me devuelve al jadeo de respirar. No vi ninguna luz. No se repasó mi vida, pues vivo en la nada y en el infierno… así en el paraíso como en el recuerdo. Vivo en el reencuentro. Vivo en el olvido. Uso ropas gastadas. Vivo aquí por herencia, por designio divino. Vivo aquí por hereje, por venganza al olvido. Vivo si es que en realidad vivo…en este pequeño inmenso espacio de mi mundo solitario que puedo apuñar en una sola palabra. El eco es tanto, como el vacío del que hablo: hace que resuene mi voz. Un ladrido a veces anuncia la presencia de un extraño irrumpiendo mi paz, mi momento de muerte. Mañana pondré el cartel de: “No molestar”. Vivo, pues, porque he huido. Sigo huyendo y pagando por mis crímenes cometidos. La sociedad y yo no nos merecemos. Ella con sus normas, yo con mi libertad de ser. Ella con su envidia, yo con la desfachatez a flor de piel. Ella con sus celos, yo con mi diferencia. La sociedad y yo hemos pactado tregua. Pero sé que mañana volveré. Le tenderé una trampa para el juego empezar otra vez. No se resigna a perder y yo no me conformo con ganar.

LA INCERTIDUMBRE DEL SILENCIO

El peor dolor es el que se guarda en silencio. 
Y es que hoy soy como un suicida y su nota. 
Soy como un idiota y su estupidez. 
Soy como el niño y su ingenuidad. 
Soy como la promesa y su posibilidad. 
Soy como el canto que ya no es libre. 
Soy como el ave sin sus alas de amor. 
Soy como el prisionero inocente. 
Soy como soy. 
Y con esto que soy, no soy suficiente. 
Dónde están aquellas noches que sin dormir hacíamos.
Dónde están los días completos de mensajes.
Dónde están aquellos “Te amo” que nuestras bocas, 
gobernadas por el corazón, 
no cansaban de decir.
Dónde están los “Te extraños”.
Dónde están las ganas de luchar por lo que sentimos.
Dónde quedaron las promesas del mismo camino.
En cuál discusión se nos quedó la pasión por amarnos, vivirnos.
En qué callejón de dolor y malos entendidos se nos adhirió a la piel el maldito desgano.
Qué hago yo con las noches interminables y los ojos mojados.
Qué haces tú allá maquillándote y subiendo las murallas a tu corazón, para no sentir.
Qué hago yo aquí en esta soledad amargada.

En este tiempo, te espero, me esperas. 
Nos esperamos a volver. 
Volver a sentirnos. 
Que la espera no nos sea infinita, 
porque ya te extraño interminablemente.

TE QUIERO

Te quiero
Y si hoy termina nuestro sueño
Que sepas que te quiero

Si hoy por la noche ya no tengo más
el arrullo de tu respiración en mi oído
Si hoy ya no me cuentas cómo fue tu día
Si hoy aplazas la risa que me vuelve loca
Si hoy tu corazón enmudece
Que sepas que te quiero

Serás el recuerdo más bonito que jamás pude haber tenido.
Será la sonrisa que se me cuele al ver un pez pequeño.
Serás parte de mi ayer,
aún queriendo que seas mi hoy.

Si hoy decides salir de mi vida
Hazlo en silencio
Sé como la muerte que llega mientras se duerme.

viernes

LA FRUSTRACION

Esta noche me entregaré a la venganza del desahogo. Me voy a la cama con una profunda frustración causado por mi bajo umbral, si se trata de ella. No debería, pero sucede. Me dejó ahí con la necesidad de saber de su día, de sus emociones, de su voz interna ¿De verdad pido demasiado? Comparte poco de sí misma, altera mi sistema y se protege con una frase terapéutica. Algo hierve dentro. Vuelvo a remar contracorriente. Me preparo para soltar del todo. Dejaré su barco, para navegar en el mío, para soltar a este grito que contraigo en cada respiro. Permitió entrar a un gurú por la promesa de libertad y curación, y me sacó a mí a costa de este amor.

sábado

ICEBERG

Para mi suerte,
el reloj se detuvo.
Si me recuerdas, acércate...
dime al oído una frasecita hecha.
Y después échame al olvido,
camina de prisa, antes de que la piel se abra en herida
y mi sangre te persiga.
La rebelión he dejado dormir
Ya no escribe, ya no sueña.
Canceló el futuro y se puso de lado
de las derechas religiosas.
Sufre mal de amores.
Llora en la cornisa.
Contempla recuerdos desde su balcón.
Todo lo que quiso, ya no está.
Tuvo una oportunidad, la rechazó cientos de miles de veces.
La prostituyó.
Pisa la frontera con una bala en el cuello
Borracha bordea esa delgada línea
Coquetea entre la cordura y el amor.
Te contemplas pronunciando mi nombre
Estrellas tu mano contra un espejo que devuelve soledad y desamor.

viernes

SU VUELO

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
Tomó mi aliento y lo guardó en su cofrecito de plata
...de plata ennegrecida, esa que es eterna
Es un cofrecito para cada aliento
Es un folio por alma

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
Cerró sus ojos frente a mí
Besé sus labios
La dejé partir
Había llegado la hora
Empuñé las manos contra el muro mohecido.

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
El cielo espera por ella con felicidad
Mientras la lluvia salada me aguardan con amargura
Bulló mi sangre
El estómago me dio un vuelco
Era inútil, su amor me había alcanzado

martes

ELLA, MI DELIRIO

Soy
Una visión general
Un estadista completo
Una base
Y
Una esclava de obsesiones

Una orgullosa
Una intrepida
Un naufragio
Y
Un corazón en alta mar cuando hay temporal

Alejandra en cambio
Es pasión desbocada
Sin llanto
Sin aliento
Todo lo da
Nada se queda

Cada noche
Cada día
Sueña
Espera
Alejandra se queda desnuda delante de la luna
Coge mi mano y nos convierte en dos cometas
Derrama su dulzura entre mis ojos

Alejandra es huracanes de silencio
Sin reloj
Sin contratiempos
Un sueño, siempre, a punto de comenzar
Tiene la piel pálida y tan cálida que me quema
En cada abrazo mientras duermo con ella

Tenemos un punto y aparte
En cada amanecer
Una tranquilidad en su risa
Pura fe en sus pasos
Alejandra me llena de sí
Sus huellas siguen en mí

Alejandra nada en aguas dulces, cristalinas
No hay nada que su ternura no pueda hacer en mí

He nacido naufraga
Ha nacido calma
Nos llevo en mi remar
Nos lleva en su danza lenta
que no queremos terminar






lunes

EL OCTAVO DIA


Ocho días sin ti. 
Desperté con una terrible ansiedad, un dolor extraño sin definición ni lugar. Desperté con rabia, con cansancio de extrañarte. Un día como hoy escuché por última vez tu voz, donde nuestras últimas palabras no fueron de amor, donde nuestro último abrazo fue a último minuto de mi adiós a tu ciudad. 
Ahora entiendo la magnitud del terremoto que causan dos corazones heridos. 
«Mira, que me imaginé mil veces que esto iba a cambiar, pero es que todo sigue exactamente igual...y vuelo cuando tú no miras». 
Ocho días sin ti.
He pasado de alimentar a una esperanza cuya anorexia se incrementa cada día, a dejar que muera, porque duele tanto tu ausencia. 
He lanzado petardos en alta mar, para ver si consigo que gires y vuelvas a verme.
He sumergido mi cabeza entre los hombros.
He quitado tonos y horas...
Y con aún con tanta lucha, no consigo olvidarte.






sábado

SOMOS

Porque somos agua y tierra
Un mar infinito de tiempos pasados
Una esperanza que a su fuerza nunca han doblado.

Porque somos luz
Porque somos oscuridad
Un atardecer que encuentra el sabor en un amargo café...

...que no tomas tú
y que yo no termino de dejar

Porque te pienso y no estás
Porque me piensas y no estoy

Porque no podemos decirle al destino que no
...con su tiempo tan perfecto
y es tan perfecto que no existe

Porque somos obsesión y peligro
Porque tu mundo y el mío desordenan el amor.

miércoles

PAPILLON

Hablar de ella, me abre todas las emociones, revive todos los recuerdos. Hablar de ella duele y reconforta. La di por muerta, prefería imaginar que por ese motivo ya no estaba en mi vida. Así podría hacer un duelo. Me dolería una sola vez y no toda la vida. Me sentí segura, que lo superaría, que la olvidaría. Pero no pude. Después de algunos años la busqué intencional e inconscientemente. Envié una postal, llamé decenas de veces. El destino me volvió a decir, que no. 
Ahí estaba yo a las 00:36 llegando a su ciudad. Todo empezó con su petición y con mi llanto sabor a decepción. Ella se sentía sola, había perdido a un ser querido, y yo... ¿yo cómo me sentía? Supongo que quería arrancarme una historia que empezaba y terminaba. Supongo que era su voz, supongo que era su calma, supongo que era mi torbellino de emociones. Sus ojos me buscaron, mi cuerpo contra el suyo, los libros en el suelo, y al final sus ojos en los míos. Mi boca diciendo su nombre, la suya diciendo el mío. Los astros empezaban a confabularse. Ninguna sabía cómo era la otra físicamente. Llevábamos meses conversando, hablándonos en letras puras y profundas, pero nunca habíamos compartido una imagen. Ninguna lo pidió, así estábamos cómodas. Fuimos a su casa, contamos nuestras cuitas, la luna se despidió, y cada una tomaba una habitación. Mi memoria no alcanza para saber la hora en que despertamos, preparó café, salimos; me mostraba Madrid y sus rincones preferidos. Me regaló una caminata entre una horda de turistas, entre calles anchas y monumentos gigantes. Cruzamos plazas, y comimos gazpacho. No había necesidad de hablar. El silencio era nuestro idioma; mis ojos eran su idioma, su sonrisa era el mío. Nunca había estado tan cómoda, tan feliz y tan nerviosa. Diez años después, apareció en mis sueños, vuelve su recuerdo de la nada y me convulsiona, como aquella primera vez que chocamos en una estación de tren.

domingo

¿DÓNDE ESTABAS TÚ?

Ya, no encuentro las palabras
que acallen la furia contenida
Las hojas que empapen el lamento
de mis ojos cansados que lloran sangre azul

No tengo salud para entenderlo,
cambié cada reproche por ganas de vivir
Quisiera ver el mar.

Quisiera ver el mar,
rugiendo en silencio,
desgastando las rocas
que yo mismo puse en honor a ti.

En honor a ti.
Trazo un argumento custodiado por cipreses,
pero no lo abrazaré.
Puedes intentarlo,
pero no me enterrarás jamás con él.

Hace ya algún tiempo
que paré de darle vueltas
a la idea de ser Dios.
Dejo que las cosas tropiecen,
caigan y partan en dos.

Pretendo salir por fin airosa
de este valle de rosas
y espinas con mi cruz.
Y sólo una vez más...

Quisiera ver el mar,
rugiendo en silencio,
desgastando las rocas
que yo mismo puse en honor a ti.

¿Dónde estabas cuando me perdí el último invierno?
Flotando en las olas,
observando todo desde tu quietud.

¿Dónde estabas cuando cometí el crimen perfecto?
Cavando en mi pecho hasta dar contigo entre la multitud...
Escondida allí, estabas tú.


Gracias  Vega
Gracias Ivan
Todos sus ©®

sábado

SOY MÍA

Alguien se ha ido,
alguien ha vuelto.
Alguien nuevo ha abierto la puerta y ha entrado a mi vida.
Alguien quiere olvidarme.
Alguien quiere quererme.
Otro alguien quiere odiarme.
Súbitamente, la vida da un giro vertiginoso,
nos pone de cabeza y de lado, nos arrincona en algún sitio con pocas posibilidades de huida.
Y tú y yo volvemos a quedar de frente.
Tú, ese alguien que quiere olvidarme y odiarme al mismo tiempo.
Yo, inmóvil y esperanzada a que el tiempo vuelva a darle ese giro a la vida. 
He descubierto la locura y la indiferencia:
de ella y de ellos;
de aquel y de aquellos.
Aprendí de aquella locura indiferente,
pero voy reiniciándome después de cada herida.
Voy pulcra a otra camisa,
a otro pantalón, a otro vestido…
a otro camino y a otra mano. 
Soy mía,
soy mi esperanza,
soy mi guía,
soy mi porvenir.
Soy lo que soy,
gracias a quien me regaló la vida y me puso aquí.
El resto depende de mí.
No vas a callarme,
no vas amedrentarme.
Ahora sé que tus heridas te han hecho cobarde,
cuando a mí las mías me han hecho de fuerza para andar.

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Desdeñosamente y sin moral a la intemperie, así manejo mi doble vida. Me busco. Me pregunto. Enloquezco Me estremezco Rehúyo ...