domingo

QUIZÁ EN OTRA VIDA, AMOR

No escuché a los demonios que se esconden bajo tu piel
…de tercio pelo
Dulce encanto que hipnotiza, si dentro de ti me hallo.
Ahora soy del bien, pero del mal, también.
Disfrazas tu veneno 
No contabas que yo sería tu antídoto.
Ves mis ojos y sabes que te encuentras ahí.
No puedes dejarme 
Soy tu huella, tu olor y tu beso.
Apartas tu pluma
Apartas mi abrazo
Un remolino tu furia y la mía en nuestros ojos
Una brasa encendida en tu vientre
Hemos roto todo.
Acabamos con toda la vida posible alrededor
En las noches frías
Cuando la nostalgia enciende los recuerdos
Aparto tu voz 
Y tu veneno entra en mi carne de nuevo
¿Qué fue de aquella dulzura?
La vertimos toda en la risa matutina
¿Qué fue de la caricia?
La arañaste en mi espalda cada madrugada
¿Que fue de nuestros besos?
Los mordí en tu locura y en mi calma.
Hoy soy tu huella, tu olor y deseo.
Te dejas ver en tu inconsciente que tanto odiaste de mí.
¿Será que te has vuelto valiente y has apostado por mí? 
Agua y aire en mi tierra fértil de amor
Eres agua
Eres aire
Soy tierra
Cálido invierno
Frío verano
Estaciones que se mueren 
Mientras espero otro tren en la estación 
Hoy te dejo ir en lo que no fuimos…

Quizá en otra vida, amor.

SABADO

Días de silencios.
De paz sin gloria.
De vacíos sin melancolía.
De piedad sin perdón.
De metas sin sueños.
De miedo sin fe.
De lluvia sin agua.
De ruidos sin frecuencia Hertz.

Días de silencios.
Me pediste te soltara.
Te dejé ir.
Me pediste soledad.
Me fui.
Me pediste renunciar.
Abandoné la misión.

Días de silencios.
De fragilidad sin ilusión.
De pasión sin sudor.
De caricia sin piel.
De bayonetas sin heridas.
De canto sin voz.
De verdades sin colapso.

De venas sin sangre.

sábado

NOEL

- Tienes algún recuerdo doloroso?. 
Aquel hombre de escasos 35 años investiga en mi pasado con la esperanza de encontrar el hilo y tirar de él. Le tomó 30 minutos empezar con esa segunda pregunta. 
Inició con una pugna de poder: ¿Qué nombre te gustaba más? ¿Cómo te gusta que te llamen? Mi respuesta fue instantánea: «Tengo dos nombres, ambos me gustan mucho. Puedes llamarme por los dos o por alguno de ellos. No tengo conflicto».  
Mal empezamos, pensé. Me gusta que me reten, pero dichos retos deben ser atractivos y no meros caprichos traspapelados en la teoría de un inconsciente. El tipo no es psicoanalista, pero pretende serlo. Y yo no soy una persona fácil. Es mi primera temporada con él y no sé si soporte mucho este ambiente sucio y a veces mal oliente. Su despacho es mucho más grande que lo de otros psicólogos que he visitado. Está horrorosamente mal decorado, se nota al instante, desde que se entra, que no hay ninguna intervención femenina. Un escritorio de cristal inmenso con carpetas apiladas, otros artículos pequeños mal acomodados… y debajo polvo acumulado. Tiene un ventilador “moderno”, de lujo e inservible, al menos a mí el aire no me llega; tiene dos sillones estrechos, sucios, manchados, un diván con cojines grandes que lo abarcan todo; una pequeña mesa con cuadernos para colorear y debajo decenas de juguetes; muñecos bélicos y de súper héroes. También tiene otra pequeña mesa donde está la cafetera y los insumos de ésta. Su despachador de agua es una pila de botellines de plástico con el líquido. Mientras esperaba pasar, la recepción es un caluroso y solitario pasillo. Nadie que te diga si has llegado al lugar correcto o te has perdido entre el polvo de las paredes, del piso y de las sillas de plástico blancas. ¿A dónde he venido a parar?. Por alguna razón, extraño a Beatriz. No, en realidad ya no la extraño. Mi ciclo terminó. Aprendí lo que tenía que aprender. Pero necesitaba algo más humano, algo más conectado con el sentimiento. Sé porque no volví más con ella. Sí. Un dolor en el ego. Casi una amputación. Debo seguir mas no olvidar aquel asunto. Ahora estoy en otro sitio y veré si puedo sacar de provecho de esta nueva experiencia que yo misma decidí tener: un psicólogo con una paciente lesbiana.

AL OTRO LADO DEL CORAZON

El tiempo viajó cogido a las alas del viento, pero ella desembarcó del otro lado del charco con una idea puesta, y yo un poco indispuesta; siguiendo mi instinto animal, accedí. Sin embargo, un error en sus “n” años de experiencia, marcaron mi retroceso. Ser fuerte, duele. Estoy hecha de arcilla y fuego. No juego con fuego. No juego al azar si no sé que voy a ganar. Ella volverá vacía y yo me quedo hecha un reverendo lío. 
Buscó mi ternura y a cambio obtuvo mi frialdad. Buscó mi perdón y a cambio obtuvo mi indiferencia. Buscó tantas cosas y a cambio obtuvo mi cerradura puesta. Ahora se ha marchado. Me quedo persiguiendo mi silencio, acomodando mis pasos. 
Lleva un nudo en el interés. Llevo conflicto en la confusión. 
Su esperanza me sabe a un chianti en el paladar mientras, *<<...no sé qué va a pasar entre nosotras. Si daremos vuelo libre hasta que de tan alto se nos pierda de vista. Pierdo el pulso y ya no soy más que una parte que resiste, porque sé que si pasa o no: nada cambiará.>> 
La magia, las risas y  la complicidad reside en su madurez material y en mi insensatez pasional. 
Yo no sé que pasará entre nosotras, pero lo que sí sé, es que me he despedido de mis fantasmas de forma definitiva (la cicatrices son el precio de vivir cada minuto al límite), de eso no cabe duda. Sé que ahora voy por mi propio camino. Dependo de nadie. Hoy por primera vez, me siento libre. 

*Si pasa o no
-Vanesa Martin-

DE NUEVO... A LA RUA

Resolví tomar un camino diferente al esperado. Preparé la valija con tu sonrisa y mi esperanza de saber, por fin, quién soy. Sentí bullir al corazón, dispuesto a emprender aquel viaje, que no sé donde termine. 
Solté amarras. Salté a la rúa sin destino fijo. Sin brújula. Sin GPS. Inhalé fuerte, llené de oxígeno a mis pulmones. Partí.
No llevo medios de comunicación, sólo el viento de sur a norte.
El mes está caducando. Fui juntando melodías urbanas, recogiendo vatios directos de las estrellas antes de apagar los ojos y encender los sueños de libertad. 
Recordé que la vida es tan sencilla todavía y se alimenta de momentos que huelen a una pequeña eternidad que nos dura toda la vida. Entonces asumí que el pasado no me dominaría más, quizá te suene que tenía una voluntad tan férrea como una roca, pero nada es tan irreal como eso. La voluntad y el  miedo convivían en mi piel y apuntaban siempre a mi sien. Tocaban recuerdos crueles para intimidarme, para hacerme regresar. Pero yo tenía un as guardado en la bolsa del pantalón…
Nuevas esencias y nuevas almas. Nuevos rostros y nuevo todo. Es tan completa la nueva sensación de la nada que me hace sentir perfecta, perfecta para mí. Ya no reparo en la culpa ni el pecado. Ya no sostengo la reja donde yo me quedo dentro y hecha trizas. Sigo andando. Llegué a una ciudad contaminada, he decidido descansar el cuerpo en esta montaña llena de pinos y respiros puros. Me abraza ahora un aire gélido que me calienta el corazón. 
Las mangas de mi camisa me molestan, el calor es abrasador en este pueblo lleno de caos, de vendedores en tenderos, de mercados insalubres, de niños sedientos de justicia, de tanta sangre y dolor. Llevan tanta prisa, son tan objetos de sí mismo que olvidan quien va a su lado. Usan la palabra «amigo» para calcular una ventaja individual. Se toman «selfies» frente a mis ojos buscando maquillar la familia en la vanity de instagram. Hoy no vino la sonrisa inocente de un niño a rescatarme de este oscuro. Pero aquí estoy yo, caminando con pies seguros y mi mente estrechando líneas en esta carta que seguramente no enviaré.

lunes

VIERNES

Se me acaba otro mes, se me suma una nueva arruga. No hago caso. Alcancé esporádicamente una derrochadora tranquilidad. Un remanso de paz que hacía días no sentía. Pero siguen existiendo cosas por hacer, pendientes que cubrir. El cansancio no se hace esperar, mi desesperación tampoco. Sin embargo, ahí está la esperanza, lista para entrar en acción en cuanto detecte niveles bajos de endorfinas en mi sistema. Funciona como un chocolate, pero sin calorías. Deme diez kilos para llevar.
¿Dónde está la gente en un viernes salado a frío? Hoy me antojo para practicar voyeur. Esta noche quiero saber de aquellos secretos que la mayoría escondemos. Se me enciende la llama para tipificar los males, arrebatar silencios y que se llenen de risas francas, ingenuas, incandescentes…inútiles. Usé la verdad como pasaporte, me salvé el pellejo. Acabé con mi paciencia por andar dando vueltas en círculos, fui a ninguna parte. ¡Oh, sí! Acabé con mi paciencia. 
Hoy mucha gente entra, mucha más sale. Voy perdiendo almas que tenía guardadas de otras vidas (para otras vidas), ahora con vivir ésta me basta.

jueves

UN CAFE CON SATURNO

Ella me espía, o yo quiero que eso pase. Yo quiero que venga y me haga la charla del día. Llevarme su sonrisa puesta y su mirada de resguardo. Pero no, está transcribiendo sus documentos. Ha pedido la cuenta y se está marchando. 
Yo fabrico el tiempo. Lo hago para mí. Tengo el don que me dio Saturno: «Yo soy el tiempo». Yo soy mi tiempo y ocupo este espacio caótico. Desenfundo mi espada de segundos, transgredo con las horas puestas en el ocaso de un día que avanza en el calendario de los fracasos y la esperanza. Su vaivén tiene sal; el mío tiene sombras, de esas incertidumbres que se suben por la ansiedad y transgreden todo a su paso. 
Ella se marcha y yo detengo el segundo en su boca, aquella que me dio vida quitándome la sed. Me llenó de su océano, nadé en él. Subió a mi montaña, derribó mi muralla, me dio la fe en un murmullo de su sueño. 
Escribo largas horas. El tercer café se me enfría con esa cucharilla que no paro de mover, le doy más vueltas que a una noria. Doy un sorbo cada quince minutos. Un camarero nos interrumpe la charla. Converso con mi enemigo, quiero llegar a una tregua dulce utópica. Saturno se frota las horas en una mueca a la muerte de mi tranquilidad. Soy su heredera siempre y cuando cumpla con sus reglas: ser feliz. Si eres feliz el tiempo pasa de largo por tu vida, no se queda, no se necesita. Cuando se alcanza ese éxtasis, has dominado los demonios más profundos de tu alma. Habrás dado con la llave que abre la caja de Pandora. 
Un aparato receptor de voces a distancia sonó tan fuerte que mi tiempo se descongeló. El café terminó. Ahora era mi turno, debía marcharme. Saturno me vio salir, yo lo vi invadir otra mesa de aquel café en una tarde de otoño. 

miércoles

CONTAMINACION

Mi arrogancia me llevó a creer todo este tiempo que como autora de mis propias líneas, podía hacer y deshacer lo escrito sin importar el tiempo de distancia. De pronto me convertí en mi propia lectora; mi arrogante alter ego me jugó una mala pasada, lo que me hizo sentir aquellas viejas notas de una forma potente, pero ahora, siempre, pensando en el pececito más maravilloso que han visto los ojos de mi alma.  El martes, la torre de mi creencia llena de arrogancia, cayó ante mis ojos. En realidad se desplomaron muchas otras cosas, haciéndome ver el verdadero rostro de las personas.
No puedo construir lo nuevo de lo viejo por más que yo sea la autora o la dueña de mis palabras. Lo que muere, muerto está y debe ser enterrado.  Ya no soy aquellas antiguas palabras, de ahí la culpa de contaminar lo que verdaderamente siento. 
Toda esta bochornosa experiencia, me ayudó a continuar, a saber que los tragos amargos también tienen sus cosas buenas. Así que lamento tal contaminación.

martes

LA MADRUGADA DEL 21 DE ENERO

Ella en mis ojos claros 
Ella en mi cabello castaño largo
Ella en mis mejillas rosadas
Ella en mi sonrisa
Ella en mis dedos entrelazados
Ella en mis días
Ella en mis pensamientos
Ella en mis suspiros
Ella en mi boca
Ella en la esquina de mi lunar
Ella en mi ‘te quiero’
Ella en mi calor

Yo...
en sus manos.

jueves

LA CIUDAD

LA CIUDAD

La ciudad está fuera de mis ojos, arde cada ser humano con sus manías y sus fobias. La ciudad se resquebraja en cada calle, en cada bache, en cada paso de los habitantes sobre su asfalto. 
La ciudad está fuera de mis ojos, tiene un pulso y una respiración, tiene un quejido ahogado y humeante. Es un quejido que lacera la piel y pudre los tejidos continuos. 

Busco respuestas, cuyas preguntas han caducado ayer. Los habitantes han crecido, otros han muerto. Otros nacen por primera vez; yo lo hago por segunda vez.

Llegué aquí después de conocer la muerte. Fue esta ciudad quien abrió sus puertas a mi duelo, quien puso sal y agua bendita a mis heridas. Curó mi fiebre, no sin antes permitirle la libertad a mis delirios depresivos, a mis apegos emocionales. Me permitió curarme con mis tiempos y sus remedios sarcásticos; puso gasas empapadas de sadismo y mucho amor –creo que a eso le llaman amor de verdad-. Me permitió oler evocaciones con sabor vainilla y sangre. 

Fue esta la ciudad que abrió su tierra, su entraña y me tragó. Me enterró tres años en su humedad y salitre; en su compasión rehabilité mi risa; con su amor remendó mis alas. 

La ciudad está fuera de mis ojos, llegó cuando todos se fueron, cuando me dejaron a solas, con mis ideas malditas; cuando la sangre brotó a raudales de la memoria. Purificó mi sangre, esa que se calienta en mi pecho, baja vigorosa a mi vientre y entonces hierve mi sexo. 

Tapa mi boca con su pesada mano de rutinas vacías. Con su lengua voraz de chismes de abarrote y de esquinas, pretende doblegar mis rodillas, violentar mis ganas, pero me mantengo tranquila con la frialdad de un psicópata. Sigo mi camino indiferente. Nadie puede herirme, soy inmune, porque soy mía.

MAS QUE PALABRAS

Ogni atto è potente se lo fai con amore

miércoles

DISLEXIA

¿Por qué nunca le hablé a alguien de mi “padecimiento”? Nunca lo he considerado una enfermedad, sólo es una característica (o una arruga) de mi cerebro. Fue curioso su descubrimiento. 

Había una niña extrovertida, inquieta y con demasiada energía. Tenía una imaginación a flor de piel. Vivía en una casa rodeada de libros y diccionarios de pasta dura, aquellas enciclopedias que a penas y podía en sus dos brazos. La abuela le daba su espacio y los bolis para su expresión…y si no, ella los encontraba en los bolsos de su madre. Aprendió a leer a los seis años. Un evento marcó su rutina y el estrés empezó. La profesora encargada de su educación, tenía métodos sonoros y contundentes para enseñar a leer. Aquella niña pasó al frente a leer un cuento del libro escolar, era requisito para dar por terminada la sesión de ese día. Recuerda que tenía más miedo que emoción. Debía hacerlo bien o no regresaría a casa hasta pasadas las seis. Cometió errores en la lectura, la profesora cogió la mano de la niña que temblaba, pues sabía lo que pasaría en los próximos seis segundos. Un golpe seco, y doloroso, tras el contacto de una regla de madera de un metro de largo contra una mano pequeña, fue lo que se escuchó y lo que la niña sintió en sus carnes. Ese golpe se repetiría una y otra y otra vez. Tantas veces como la profesora considerara una equivocación en la lectura o escritura. La niña nunca dijo nada de esos contactos de la regla de la profesora con su mano. Encontró la solución: dedicar todo el tiempo que fuese necesario, para leer como la profesora procuraba. Escribía y leía sin parar todo lo que podía, lento, sílaba a sílaba. Poco a poco fue más amiga de las letras que de los números. Fue más cómplice de los libros que de las personas. Nunca nadie vio aquella arruga. Pasaron los años e ingresó a la facultad de medicina humana. La médico que se convertiría en su tutora durante toda su carrera, habló para la clase de una característica cerebral muy peculiar: la dislexia. ¡Por fin!. Por fin sabía lo que le pasaba. Acudió a una evaluación para adultos donde el veredicto era contundente. Todo se acomodaba. Tuvieron que pasar catorce años para verse así misma y entenderse. Entender por qué su acercamiento con las artes, por qué fueron ellas el mejor medio de su expresión. 

Sigo equivocándome, pero conocer mi estructura me da la paciencia para ir lento, sin ofuscarme y comprender a quien no me comprende. 
Vivir con dislexia, sin encontrar el recurso de ayuda, puede ser realmente traumático. No fue mi caso. Me ayudé; y mi madre me dio todos los recursos para que eso ocurriera. 

La dislexia es como encontrar a una persona cuya mano dominante es la izquierda. Hoy en día ya no se estigmatiza a los chicos y chicas que son zurdos. Sin embargo, sigue existiendo una laguna de información sobre la dislexia. Muchos creen, aún, que leer mal o entender poco es porque eres un retrasado (vox populi), de lento aprendizaje ó simplemente un/a vago/a. Aún se cometen tantos errores con los niños, y se les jode la vida. 

¿Por qué hasta las once cosas lo hago publico? Porque hasta hoy me topé con un niño, cuyas consecuencias sociales de ignorancia sobre la dislexia, le llevaron a un intento de suicidio. ¡Esto no debe seguir ocurriendo!. Espero que en la actualidad se preste más atención y menos juzgamiento. Que hoy en día los profesores estén más capacitados y puedan ver esta arruga cerebral.

sábado

ONCE COSAS

Las once cosas que no sabías de mí.
Si charlas conmigo y creíste que soy muy fácil de conocer, pues sí. Soy fácil de conocer cuando ya llevas tratándome algunos años. Pero si hace poco que nos conocemos o que nos topamos por esta causalidad que se llama vida…te doy algunas cosas de mí.

  1. Me atraen poderosamente las personas inteligentes, las que tienen tema de conversación sin hacerme sentir en un interrogatorio. 
  2. Mi color favorito es el morado. 
  3. Tengo dislexia. 
  4. Duermo del lado derecho. 
  5. Mi comida favorita son las ensaladas. 
  6. No soy vegetariana.
  7. Me gusta ver las estrellas y conversar con una de ellas. 
  8. A los 4 años puse mis inconformidades con «mis jeroglíficos» a la RAE de pasta dura.
  9. Tengo T. O. C. 
  10. A los 7 años quemé el sofá de mi abuela. Sí, tengo un poco de piromanía. 
  11. Me encanta la velocidad en los autos, pero sólo si soy yo quien conduce.

martes

DEL AHORA AL AYER

Se desliza una revolución en mi cabeza, se detiene a mitad de mi cuello, hace manisfestación, se enfrenta con mis cuerdas vocales. Saborea su éxito con mi ahogamiento. Confusión.
¿Se reestablece la sinceridad, la profunda voluntad de querer compartir, la verdad con que hoy nos miramos a los ojos? Temo desafiar al destino, pero estoy expectante de su resolución en nuestro asunto…¿será el nuestro?
Hoy me ha atacado el desgano, se instaló cerquita del cansancio onírico, porque cada noche hay un suceso en mi cabeza. Despierto y los duendes ya han esparcido sus posimas salvajes en mis sentidos. Empieza la paranoia, el dejà vú, los símbolos. Y el calor que siempre lo pudre todo, no me deja en paz.
Sigues atorada en mi garganta con un «te amo» que me hace nudo el corazón. Vibra mi piel.
Intento hacer remedo de escritura, pero sólo sale saliva de mi boca, ni una palabra bien articulada que describa la voragine que mi carne y mi alma quieren que conozcas. Me quedo lenta, en silencio, una larga caminata por las venas del silencio en el ocaso. La vida se me corre por las esquinas, toda la superficie queda con arrugas, imperfecta. No tengo llanto ni ganas de él. Finalmente, ha oscurecido. Finalmente, el día terminó. Empezaremos de nuevo mañana a las 06:00. Ya está la lista de las cosas interminables por hacer, todas esas que me harán doler mis dos fibras rotas. Esas cosas que me recordarán que aún el reposo debe estar, pero no puedo seguirlo al pie de receta. Ahora mismo la medicina vuelve a parecerme infame, desgastante, imprecisa…y yo impaciente.
Me he impuesto un camino de silencio y lo he llamado: reflexión. Los días pasan con una pasmosa violencia que amarga el paladar, pero los días no se quedan, los días siempre se van. Como se han ido sesenta meses de lucha contra mis demonios, contra mi dolor por su ausencia. Sesenta meses en los que he luchado por adaptarme a que ya no estás conmigo. Mi vida entera ha colapsado. Y este sitio ya no es lo que era. Los lugares los hacen las personas. Los lugares son para estar con quien te motive todos los días.

miércoles

“NO MOLESTAR”

Vivo en un aparente orden, en la calle 50 al sur, donde cae el mejor atardecer. Vivo entre las calles: Recuerdos de Origen e Incertidumbre. Mi piso es un espacio inmenso rellenado con fotografías de mis ancestros; olores a madera y evocaciones podridas. Vivo aquí desde hace poco menos de un año.
No planté árbol. No tengo hijos. Y mi libro está incendiado. Vivo en un lugar estático, pero móvil. Deambulo por la madrugada aún cuando el miedo por la oscuridad me ataca por la espalda. Cuando las voces se despiertan y me arrastran por los pasillos de un frío sintético. No pruebo el suelo, pero sé que es desierto. Desaparezco, sin dejar de lado el frenético ruido de la soledad. Sólo escucho mi respiración y esas voces prepotentes que me dicen todo lo que tengo que hacer; se meten a sus bolsillos mi voluntad. Quedo inerte, tumbada bajo un techo blancuzco mal pintado, entonces, vuelvo a contar los granitos que resaltan, pierdo con celeridad la frecuencia «uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…» Parece que mi conciencia no lo nota, pero mi alma que ya no está conmigo, sí. No estoy aquí. Me fui. Nadie habla de mi, ni piensa en mi, ni se acuerda de mi. He dejado de existir. No siento sueño, ni hambre, ni calor, ni frío, ni miedo ni hastío. Sólo esto: El vacío, la nada, el abismo, la oscuridad, el trueno y silbido del viento. Ese, justo ese, me devuelve al jadeo de respirar. No vi ninguna luz. No se repasó mi vida, pues vivo en la nada y en el infierno… así en el paraíso como en el recuerdo. Vivo en el reencuentro. Vivo en el olvido. Uso ropas gastadas. Vivo aquí por herencia, por designio divino. Vivo aquí por hereje, por venganza al olvido. Vivo si es que en realidad vivo…en este pequeño inmenso espacio de mi mundo solitario que puedo apuñar en una sola palabra. El eco es tanto, como el vacío del que hablo: hace que resuene mi voz. Un ladrido a veces anuncia la presencia de un extraño irrumpiendo mi paz, mi momento de muerte. Mañana pondré el cartel de: “No molestar”. Vivo, pues, porque he huido. Sigo huyendo y pagando por mis crímenes cometidos. La sociedad y yo no nos merecemos. Ella con sus normas, yo con mi libertad de ser. Ella con su envidia, yo con la desfachatez a flor de piel. Ella con sus celos, yo con mi diferencia. La sociedad y yo hemos pactado tregua. Pero sé que mañana volveré. Le tenderé una trampa para el juego empezar otra vez. No se resigna a perder y yo no me conformo con ganar.

LA INCERTIDUMBRE DEL SILENCIO

El peor dolor es el que se guarda en silencio. 
Y es que hoy soy como un suicida y su nota. 
Soy como un idiota y su estupidez. 
Soy como el niño y su ingenuidad. 
Soy como la promesa y su posibilidad. 
Soy como el canto que ya no es libre. 
Soy como el ave sin sus alas de amor. 
Soy como el prisionero inocente. 
Soy como soy. 
Y con esto que soy, no soy suficiente. 
Dónde están aquellas noches que sin dormir hacíamos.
Dónde están los días completos de mensajes.
Dónde están aquellos “Te amo” que nuestras bocas, 
gobernadas por el corazón, 
no cansaban de decir.
Dónde están los “Te extraños”.
Dónde están las ganas de luchar por lo que sentimos.
Dónde quedaron las promesas del mismo camino.
En cuál discusión se nos quedó la pasión por amarnos, vivirnos.
En qué callejón de dolor y malos entendidos se nos adhirió a la piel el maldito desgano.
Qué hago yo con las noches interminables y los ojos mojados.
Qué haces tú allá maquillándote y subiendo las murallas a tu corazón, para no sentir.
Qué hago yo aquí en esta soledad amargada.

En este tiempo, te espero, me esperas. 
Nos esperamos a volver. 
Volver a sentirnos. 
Que la espera no nos sea infinita, 
porque ya te extraño interminablemente.

TE QUIERO

Te quiero
Y si hoy termina nuestro sueño
Que sepas que te quiero

Si hoy por la noche ya no tengo más
el arrullo de tu respiración en mi oído
Si hoy ya no me cuentas cómo fue tu día
Si hoy aplazas la risa que me vuelve loca
Si hoy tu corazón enmudece
Que sepas que te quiero

Serás el recuerdo más bonito que jamás pude haber tenido.
Será la sonrisa que se me cuele al ver un pez pequeño.
Serás parte de mi ayer,
aún queriendo que seas mi hoy.

Si hoy decides salir de mi vida
Hazlo en silencio
Sé como la muerte que llega mientras se duerme.

viernes

LA FRUSTRACION

Esta noche me entregaré a la venganza del desahogo. Me voy a la cama con una profunda frustración causado por mi bajo umbral, si se trata de ella. No debería, pero sucede. Me dejó ahí con la necesidad de saber de su día, de sus emociones, de su voz interna ¿De verdad pido demasiado? Comparte poco de sí misma, altera mi sistema y se protege con una frase terapéutica. Algo hierve dentro. Vuelvo a remar contracorriente. Me preparo para soltar del todo. Dejaré su barco, para navegar en el mío, para soltar a este grito que contraigo en cada respiro. Permitió entrar a un gurú por la promesa de libertad y curación, y me sacó a mí a costa de este amor.

sábado

ICEBERG

Para mi suerte,
el reloj se detuvo.
Si me recuerdas, acércate...
dime al oído una frasecita hecha.
Y después échame al olvido,
camina de prisa, antes de que la piel se abra en herida
y mi sangre te persiga.
La rebelión he dejado dormir
Ya no escribe, ya no sueña.
Canceló el futuro y se puso de lado
de las derechas religiosas.
Sufre mal de amores.
Llora en la cornisa.
Contempla recuerdos desde su balcón.
Todo lo que quiso, ya no está.
Tuvo una oportunidad, la rechazó cientos de miles de veces.
La prostituyó.
Pisa la frontera con una bala en el cuello
Borracha bordea esa delgada línea
Coquetea entre la cordura y el amor.
Te contemplas pronunciando mi nombre
Estrellas tu mano contra un espejo que devuelve soledad y desamor.

viernes

SU VUELO

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
Tomó mi aliento y lo guardó en su cofrecito de plata
...de plata ennegrecida, esa que es eterna
Es un cofrecito para cada aliento
Es un folio por alma

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
Cerró sus ojos frente a mí
Besé sus labios
La dejé partir
Había llegado la hora
Empuñé las manos contra el muro mohecido.

Ella voló
Abrió la fe
Y fue libre
El cielo espera por ella con felicidad
Mientras la lluvia salada me aguardan con amargura
Bulló mi sangre
El estómago me dio un vuelco
Era inútil, su amor me había alcanzado

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